9 de julio de 2026
LA INDUSTRIA PORTEÑA DETRÁS DE LA CIUDAD DE SERVICIOS
Pasado, presente y futuro del segundo polo industrial del país
Buenos Aires se piensa a sí misma como una ciudad de bancos, oficinas y consumo. Esa imagen no es falsa, pero es incompleta: la Ciudad también produce bienes. CABA conserva una base manufacturera real, diversificada y con historia, que la ubica como el segundo distrito industrial del país, sólo detrás de la Provincia de Buenos Aires.
No es que la industria porteña haya desaparecido. Es que durante décadas quedó fuera de la conversación pública y de una estrategia de desarrollo. Este documento reconstruye esa historia y ese presente con datos duros.
Los números ordenan el diagnóstico. La industria en la Ciudad de Buenos Aires reúne cerca de 176 mil puestos de trabajo asalariados registrados y unas 11 mil firmas. Entre 2004 y 2025, redujo su participación en el producto porteño del 16,2% al 9,3%: perdió peso relativo, pero no centralidad.
Gráfico 1. Producto Bruto Geográfico de CABA por sector. Promedio 2004-2025, a precios corrientes.

Esa pérdida también se observa a escala nacional, aunque con matices. Entre 2004 y 2011, CABA explicaba cerca del 15% del valor agregado industrial argentino. A partir de 2012 esa participación empezó a bajar, perforó el 13% después de 2018 y hoy se ubica en torno al 12%. Aun así, en 2024 la Ciudad se mantuvo como el segundo distrito industrial del país: solo la Provincia de Buenos Aires (48,9%) la superó, y CABA quedó por encima de Santa Fe (10,3%), Córdoba (7,6%) y Mendoza (4,1%). Es un lugar que se suele explicar por la concentración de sedes fiscales, pero los datos de empleo y establecimientos —que miden el domicilio real de explotación, no el fiscal— confirman que se trata de producción efectiva y no de un espejismo administrativo.
Gráfico 5. Participación por jurisdicción en el valor agregado industrial nacional. En porcentaje sobre el total, año 2024.

El perfil de esa industria es específicamente urbano. No hay grandes complejos automotrices ni siderúrgicos: hay química-farmacéutica, alimentos y bebidas, textiles e indumentaria, edición e impresión, y metalmecánica liviana. Dos ramas —química y alimentos— concentran casi la mitad del producto manufacturero. Indumentaria, en tanto, es la actividad con más empresas de la Ciudad y la segunda en empleo, con epicentro en el corredor de Avellaneda y Nazca, en Flores-Floresta.
Esa manufactura no vive aislada en un parque industrial: está integrada a la trama de los barrios, con mayor presencia en el oeste, el sur y el sudoeste porteños. Esa cercanía genera empleo y arraigo territorial, pero también tensiones de suelo, logística y convivencia urbana que la política pública todavía no resolvió.
El documento recorre además la historia de esa desindustrialización —desde el Código de Planeamiento Urbano de 1977 hasta la apertura de los noventa— y compara a CABA con Provincia de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe para mostrar que la industria porteña no es una versión menor de otros distritos, sino un caso con lógica propia.
La conclusión es propositiva: la Ciudad no necesita crear una industria desde cero, necesita reconocer, proteger y transformar la que ya tiene. Eso implica pensarla en clave metropolitana, ordenar su convivencia con el uso residencial y comercial del suelo, articularla con universidades y hospitales, modernizar sus procesos productivos y darle reglas claras para producir.
Reconocer esa base industrial es el primer paso. El segundo, integrarla a una estrategia de desarrollo productivo.
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