9 de julio de 2026
Usina: Repensar la Ciudad para un futuro de desarrollo
Durante más de dos décadas, la gestión económica y social de la ciudad ha carecido de un plan de desarrollo estratégico, dejando el destino de sus habitantes y trabajadores a merced de la improvisación. Su aparente estabilidad no es el resultado de una política productiva diseñada para generar riqueza genuina, sino de la inercia propia de ser la gran metrópoli argentina, condición que le garantiza ser el distrito con el mayor presupuesto per cápita del país. Es el centro neurálgico donde convergen las sedes de las grandes empresas, los capitales financieros y la administración pública nacional. Tenemos una economía desordenada y sin un horizonte claro, que se conforma con administrar los “beneficios” de su geografía privilegiada y la abundancia de sus recursos, mientras da la espalda a su verdadero potencial productivo. Esta inercia ha permitido construir un relato de éxito que, al raspar la superficie, revela una profunda fragilidad y una preocupante falta de visión a largo plazo.
Al no existir un modelo de desarrollo económico integral, el vacío en la planificación del Estado ha sido llenado por decisiones aisladas, fragmentadas y, en muchos casos, impulsadas directamente por lobbys sectoriales. Esta dinámica de concesiones ha llevado a la implementación de políticas productivas profundamente desiguales, donde el Estado local interviene no para nivelar la cancha, sino para garantizar la rentabilidad de unos pocos. Se ha reemplazado la planificación estratégica por una gestión que concibe a la ciudad como un “modelo de negocios” antes que como un “modelo de desarrollo”. La expresión más clara y perjudicial de esta matriz es el avance desmedido del negocio inmobiliario, que ha capturado la planificación urbana para convertir el suelo porteño en un activo financiero. Esta lógica absorbe recursos, encarece el costo de vida y de producción, y favorece negocios puntuales y especulativos en claro detrimento de un crecimiento equitativo, sostenido y orientado a la economía real.
El resultado más nocivo de esta falta de planificación es la invisibilización —y casi el castigo— de la industria porteña. A pesar del relato oficial que insiste en perfilar a Buenos Aires exclusivamente como una vidriera financiera y turística, la Ciudad es el segundo polo industrial del país, con un sector manufacturero que explica el 11% de su Producto Bruto Geográfico (PBG). Al mismo tiempo, es innegable que los servicios conforman una parte vital y mayoritaria de nuestra estructura productiva; sin embargo, no existe una política inteligente que busque integrar estos servicios con nuestra capacidad productiva material para generar mayor valor agregado.
En este contexto, el Gobierno de la Ciudad se ha alejado sistemáticamente de las PyMEs, los verdaderos motores del empleo. La desconexión es alarmante: la inmensa mayoría del empresariado local jamás se ha vinculado con los ministerios productivos ni ha podido acceder a líneas de crédito o herramientas de fomento del Banco Ciudad. Esta desidia institucional asfixia las posibilidades de crecimiento del entramado productivo, limita la innovación tecnológica y bloquea la generación de empleo genuino y de calidad que la ciudad demanda urgentemente. Tiene además un costo urbano concreto: sin mediación pública, se vuelve imposible construir una convivencia más virtuosa entre el tejido productivo y la vida cotidiana de la ciudad.
A esta ceguera productiva se le suma una profunda miopía territorial: la negación del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) como la verdadera escala de nuestro desarrollo. Actualmente, el Gobierno de la Ciudad sostiene un discurso que estigmatiza y criminaliza a quienes provienen de la Provincia, ignorando deliberadamente un dato insoslayable de nuestra realidad económica: el 50% de los trabajadores que sostienen diariamente la actividad de la Ciudad vienen del conurbano bonaerense. Resulta imposible e irracional proyectar un modelo de crecimiento de espaldas a la región metropolitana. Planificar el desarrollo de la Ciudad exige pensar el AMBA como un todo articulado, donde las redes de transporte, los sistemas de salud y educación, y las matrices de producción estén conectadas de manera eficiente. La Ciudad no puede seguir actuando como un enclave aislado; su destino productivo está ineludiblemente entrelazado con la integración metropolitana.
A este escenario de fragmentación económica se suma una oportunidad histórica sistemáticamente desaprovechada: la total desconexión entre la producción local y nuestro inmenso capital científico y académico. La Ciudad de Buenos Aires concentra el principal entramado universitario, científico y de investigación de la Argentina. Sin embargo, carecemos de políticas públicas que vinculen orgánicamente ese conocimiento con las necesidades reales de las empresas y de la sociedad. Es indispensable construir puentes institucionales donde la ciencia, la innovación y el desarrollo tecnológico interactúen de forma directa con la matriz productiva y con pilares fundamentales como la educación y la salud pública. El conocimiento debe dejar de ser una isla académica para convertirse en la principal ventaja competitiva de nuestro sector productivo, impulsando una transición hacia una economía de mayor complejidad, sustentable y con mejores salarios.
Es hora de dejar de administrar la inercia. Para eso nace Usina, un observatorio de desarrollo económico y social creado para visibilizar lo que está oculto, conectar lo que está fragmentado y diseñar colectivamente el futuro productivo de Buenos Aires. Venimos a poner en discusión el modelo de ciudad. Nuestro objetivo es generar datos rigurosos, pensar políticas públicas reales y viables, e integrar a las PyMEs, a la industria, a los servicios y al sistema científico en el centro absoluto de la agenda pública. Queremos articular con empresarios, trabajadores, universidades y distintos espacios políticos para transformar a la Ciudad de Buenos Aires en un verdadero motor de desarrollo con inclusión para sus habitantes y para todo el país.